TDAH y depresión: ¿superposiciones?

Tiempo de lectura: 7 minutos

TDAH y depresión: superposiciones

Las personas TDAH a menudo son confundidas con personas deprimidas, no solo por la población general sino también por algunos profesionales de la salud mental menos atentos.

Esto sucede porque algunos síntomas del TDAH pueden parecerse a los de la depresión.

En las siguientes líneas analizaremos cuáles son las áreas de superposición que hacen que depresión y TDAH sean tan similares.

¿Cuáles son las áreas de superposición entre TDAH y depresión?

Como se mencionó anteriormente, algunos síntomas de TDAH y depresión son muy similares, lo que hace difícil diferenciar ambas condiciones únicamente con base en la sintomatología observada.

Estas superposiciones incluyen:

  • Inquietud: La inquietud es un síntoma común tanto en personas TDAH como en personas con depresión, pero con matices e implicaciones diferentes en cada condición. En el TDAH, la inquietud es una manifestación central, relacionada con la hiperactividad y una constante necesidad de movimiento. Las personas TDAH pueden mecerse, golpear los dedos o moverse continuamente, sin poder permanecer quietas o en un estado de relajación. Esta inquietud es una respuesta neurológica espontánea a la dificultad de mantener la concentración o la atención. En cambio, en la depresión, la inquietud puede derivarse de ansiedad o malestar interno y a menudo se acompaña de un sentido de agitación interna o irritabilidad. Las personas con depresión pueden sentirse atrapadas en un estado constante de intranquilidad, a menudo sin una causa clara, lo que puede empeorar su estado de ánimo y la angustia percibida.
  • Agitación psicomotora: La agitación psicomotora se presenta de manera diferente en ambas condiciones. En el TDAH, este síntoma está frecuentemente ligado a la incapacidad de regular la propia energía y canalizarla en actividades productivas. Las personas TDAH pueden sentirse constantemente “sobrecargadas” y en movimiento, un efecto de la hiperactividad típica de la condición. Esta agitación puede manifestarse como la tendencia a moverse o caminar sin un propósito específico, tocar objetos sin motivo o realizar movimientos repetitivos. En la depresión, la agitación psicomotora está más relacionada con un estado de nerviosismo interno o tensión psicológica que genera comportamientos similares, pero con un origen emocional. La agitación, en este caso, a menudo se acompaña de pensamientos autocríticos o de un sentido de desesperanza que impulsa a la persona a moverse sin lograr relajarse.
  • Dificultad de concentración: La dificultad de concentración es uno de los síntomas más comunes y problemáticos tanto en el TDAH como en la depresión, y representa una de las principales fuentes de confusión entre ambos diagnósticos. En el TDAH, la incapacidad de mantener la concentración es un síntoma central: la persona se distrae fácilmente, tiene dificultades para completar tareas y frecuentemente pierde el hilo de sus pensamientos. Esta falta de atención se debe a una disfunción en los circuitos neurológicos que regulan la capacidad de enfocar y mantener la atención. En cambio, en la depresión, la dificultad de concentración suele ser causada por una disminución del interés o la motivación. La persona deprimida puede parecer distraída o desinteresada, pero esto se debe a la falta de energía y al sentimiento de inutilidad o desesperanza que también afecta su capacidad de enfocarse en actividades cotidianas.
  • Cansancio y pérdida de energía: El cansancio es otro síntoma que puede presentarse en ambas condiciones, pero con matices diferentes. En el TDAH, la fatiga suele ser consecuencia del gasto de energía requerido para compensar las dificultades de concentración y para mantenerse “en ruta” con las actividades diarias. Esta fatiga puede resultar de un ciclo continuo de intentos y fracasos al mantener la atención, lo que lleva a la persona TDAH a sentirse mental y físicamente exhausta al final del día. En la depresión, en cambio, la pérdida de energía se asocia con la letargia, un síntoma central del trastorno. Las personas con depresión a menudo se sienten cansadas al despertar y pueden tener dificultades para encontrar la fuerza para realizar incluso actividades simples, debido al peso psicológico y físico de la condición depresiva.
  • Problemas de memoria: Las personas TDAH y las personas con depresión a menudo experimentan problemas de memoria, aunque por razones diferentes. En el TDAH, la memoria a corto plazo y la memoria de trabajo se ven comprometidas debido a la falta de atención sostenida. La persona puede olvidar cosas recién escuchadas o tareas recién asignadas, justamente porque la mente está constantemente distraída y tiene dificultad para registrar la información de manera estable. En la depresión, los problemas de memoria suelen estar relacionados con la falta de concentración derivada de la falta de interés o del enlentecimiento psicomotor. El cerebro en estado depresivo puede tener dificultades para procesar y recordar información, generando una aparente “niebla mental” que dificulta recordar incluso eventos recientes.
  • Alteraciones del sueño: Las alteraciones del sueño son comunes en ambas condiciones pero pueden variar considerablemente. En el TDAH, las dificultades para dormir suelen estar relacionadas con una regulación deficiente del ritmo circadiano, con problemas de insomnio o despertares nocturnos. Muchas personas TDAH reportan dificultad para conciliar el sueño debido a una mente hiperactiva y la incapacidad de “apagar” los pensamientos. En la depresión, las alteraciones del sueño pueden manifestarse tanto como insomnio (dificultad para dormirse o despertares tempranos) como hipersomnia (tendencia a dormir demasiado y sentirse cansado de todas formas). En ambas condiciones, estas alteraciones pueden empeorar el cuadro general de síntomas, afectando negativamente el estado de ánimo, la concentración y la energía.
  • Inactividad: La inactividad es un síntoma que puede aparecer tanto en el TDAH como en la depresión, pero por razones muy diferentes. En la depresión, la inactividad se debe generalmente a la letargia y abulia, típicos síntomas del trastorno. La persona deprimida puede sentirse sin motivación o energía para realizar incluso las actividades más simples, lo que puede llevar a un estado de inmovilización y apatía. En cambio, en el TDAH, la inactividad no se debe a la falta de motivación o energía, sino a la llamada “task paralysis”. Este fenómeno se manifiesta cuando la persona TDAH se siente abrumada por la complejidad de una tarea y no sabe por dónde empezar. La dificultad para planificar y organizar las acciones puede llevar a un estado de inmovilización, en el que la persona está bloqueada para decidir qué hacer, a pesar de tener el deseo de estar activa.

A pesar de las numerosas superposiciones, hay elementos que permiten distinguir ambas condiciones.

De hecho, el diagnóstico diferencial entre TDAH y depresión requiere una consideración cuidadosa de la historia de la persona, en particular de la temprana aparición de los síntomas.

El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo que debe estar presente desde la infancia para poder ser diagnosticado correctamente.

Si el diagnóstico de TDAH se considera solo en la edad adulta, es importante recopilar información sobre los síntomas y comportamientos observados y recordados durante la infancia, a través del relato de la persona o, cuando sea posible, de familiares.

En cambio, la depresión puede aparecer en cualquier momento de la vida, y sus síntomas pueden ser agudos o crónicos, pero no es necesario que estén presentes desde la infancia para establecer el diagnóstico.

La naturaleza de los síntomas es otro elemento importante en el diagnóstico diferencial entre TDAH y depresión.

Examinar las causas subyacentes de los síntomas puede revelar diferencias clave.

Por ejemplo, la inactividad en una persona deprimida generalmente se debe a letargia, abulia y una marcada falta de motivación, lo que se traduce en incapacidad para realizar incluso tareas básicas.

En una persona TDAH, en cambio, la inactividad se debe a menudo a la “task paralysis”, es decir, una parálisis frente a la decisión ante una tarea compleja.

Este tipo de inactividad no es causado por pérdida de interés o energía, sino por una incapacidad de planificar y organizar las acciones de manera eficiente.

Cabe destacar, sin embargo, que ambas condiciones no solo deben diferenciarse.

De hecho, la comorbilidad entre TDAH y depresión es muy frecuente.

Las personas TDAH, de hecho, tienen un mayor riesgo de desarrollar trastornos depresivos en comparación con la población general.

Esto se debe en parte a la naturaleza misma del TDAH, que implica dificultades cotidianas que pueden acumularse y generar un estado de insatisfacción y frustración.

Años de dificultades escolares, laborales y relacionales pueden llevar a las personas TDAH a sentirse inadecuadas o estigmatizadas.

Esta tensión constante puede, a largo plazo, contribuir a un estado depresivo, ya que los fracasos repetidos y la percepción de no ser “suficiente” afectan negativamente la autoestima y el ánimo.

La comorbilidad entre TDAH y depresión puede crear un ciclo negativo, en el que los síntomas de una condición empeoran los de la otra, haciendo que la gestión general de la salud mental sea aún más compleja.

Para obtener un diagnóstico preciso que tenga en cuenta las superposiciones entre TDAH y otras condiciones, el diagnóstico diferencial y las posibles comorbilidades, es fundamental acudir a profesionales de la salud mental, como los de la Clínica TDAH GAM-Medical, un centro especializado en el tratamiento del TDAH.

Aquí, el equipo de expertos no se limita a diagnosticar TDAH: gracias a una amplia experiencia y a herramientas diagnósticas avanzadas, los profesionales pueden identificar también posibles comorbilidades, como ansiedad, depresión, trastornos de conducta y dificultades de aprendizaje, que a menudo están presentes en quienes son TDAH.

Este enfoque permite construir rutas terapéuticas personalizadas y multidisciplinarias, que respondan a las necesidades complejas de la persona, mejorando significativamente la calidad de vida tanto a nivel personal como profesional y relacional.

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