Si eres un padre preocupado por las notas disciplinarias que tu hijo está recibiendo en la escuela porque es particularmente hiperactivo o tiene una diagnosis de TDAH, y te preguntas si estos castigos son realmente útiles; si eres un docente lidiando con un niño que tiene dificultades para mantenerse quieto, que interrumpe frecuentemente en clase y estás tratando de entender cómo manejar la situación de manera efectiva; o si eres un adulto TDAH que recibió el diagnóstico en la adultez y busca reconstruir su historia escolar, a menudo marcada por notas disciplinarias y dificultades con las normas, entonces este artículo es para ti.
Antes de profundizar en el tema, es necesario hacer una aclaración: existen normativas específicas que regulan el enfoque escolar y disciplinario hacia los alumnos TDAH.
Estas normativas deben ser consultadas cuidadosamente por padres, docentes y directivos escolares para comprender cuáles son los derechos de los estudiantes con diagnosis de TDAH, qué herramientas se pueden adoptar para favorecer la inclusión y cómo debe intervenir la escuela en caso de comportamientos problemáticos.
Las normativas varían según el país y el contexto escolar, y en muchos casos prevén medidas de apoyo específicas, como la adopción de Planes de Trabajo Personalizados (PDP), la inclusión en un Plan Educativo Individualizado (PEI) y el uso de estrategias alternativas a los castigos tradicionales.
De todos modos, a pesar de la aclaración, este artículo no pretende explorar en detalle el aspecto normativo, sino centrarse en un tema más amplio y fundamental: ¿son realmente efectivas las notas disciplinarias para corregir el comportamiento de un niño TDAH? ¿Son útiles o pueden resultar contraproducentes? ¿Cuál es su impacto en el crecimiento y aprendizaje del niño?
Independientemente de lo que digan las leyes y reglamentos escolares, la cuestión central es si las notas disciplinarias tienen una utilidad pedagógica real para los estudiantes TDAH o si, por el contrario, contribuyen a crear un ambiente en el que el niño se siente excluido, castigado sin herramientas de mejora y cada vez más frustrado.

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¿Qué son las Notas Disciplinarias en la Escuela?
Las notas disciplinarias son una herramienta utilizada en las escuelas para documentar y señalar comportamientos inadecuados o problemáticos de los estudiantes.
Generalmente son redactadas por los docentes o el personal escolar e ingresadas en el registro de clase o en el expediente personal del estudiante.
El objetivo de una nota disciplinaria puede variar: puede usarse para advertir al estudiante, para informar a las familias sobre episodios problemáticos o como parte de un proceso disciplinario más amplio que puede incluir amonestaciones oficiales, sanciones o medidas educativas.
Las notas disciplinarias pueden abarcar una amplia gama de comportamientos, desde simples faltas al respeto de las normas escolares hasta situaciones más graves que requieren intervenciones disciplinarias más estructuradas.
Algunos ejemplos comunes incluyen:
- Interrupciones en clase: el estudiante interrumpe repetidamente la lección hablando sin permiso, distrae a los compañeros o muestra un comportamiento inapropiado que dificulta el desarrollo normal de las actividades educativas.
- Falta de respeto hacia el docente o compañeros: el estudiante utiliza un lenguaje inapropiado, responde de manera irrespetuosa, se burla de los compañeros o adopta actitudes agresivas.
- Violación del reglamento escolar: comportamientos como el uso del celular en clase, el incumplimiento de normas de seguridad, la llegada tardía repetida o la ausencia injustificada pueden dar lugar a una nota disciplinaria.
- No realización de tareas o distracción constante: si un estudiante no trae el material necesario, no realiza las tareas asignadas o muestra desinterés constante, el docente puede registrar la situación mediante una nota.
- Actos de intimidación o acoso escolar: si un estudiante tiene conductas de acoso hacia un compañero, como burlas, exclusión intencional o agresiones físicas o verbales, puede recibir una nota disciplinaria que, en casos graves, podría derivar en medidas más serias.
- Daños al material escolar: comportamientos como escribir en los pupitres, romper objetos de la escuela o vandalizar espacios comunes pueden ser motivo de nota disciplinaria.
- Desobediencia a las instrucciones del docente: si un estudiante se niega a seguir las indicaciones del docente o no respeta las normas durante la clase, el docente puede documentarlo con una nota.
A menudo, las notas disciplinarias se utilizan solo como castigo, sin un verdadero propósito educativo o de apoyo al estudiante.
La idea detrás de esta práctica es que señalar un comportamiento incorrecto y registrarlo en el expediente del estudiante pueda provocar un cambio mediante el sentimiento de culpa, el miedo a consecuencias más graves o la presión de los padres. Sin embargo, este enfoque es poco eficaz en muchos casos y puede incluso ser contraproducente.
Las notas disciplinarias a menudo se consideran una herramienta educativa para corregir comportamientos problemáticos, pero en el caso del trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) su efectividad es altamente cuestionable.

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¿Tiene sentido poner muchas notas disciplinarias a un niño TDAH?
Al leer la lista de ejemplos en los que se pueden dar notas disciplinarias en la escuela, presentada en el párrafo anterior, es evidente cuántas de estas situaciones son comunes para un niño TDAH.
Si se considera la impulsividad natural, la dificultad de regulación emocional, la hiperactividad y la falta de atención características de este trastorno, se comprende lo fácil que es para un niño TDAH acumular notas disciplinarias a lo largo de su experiencia escolar.
Un niño TDAH puede recibir notas por interrupciones en clase, porque le cuesta mantenerse quieto, no hablar fuera de turno y no interrumpir el desarrollo de la lección.
Puede ser reprendido por falta de respeto hacia el docente o compañeros, cuando en realidad su comportamiento suele deberse más a la impulsividad que a una intención real de ser irrespetuoso.
Puede recibir notas por violación del reglamento escolar, como el uso del celular o no traer el material necesario, simplemente porque olvida con frecuencia las cosas o tiene dificultades para organizar sus acciones.
Puede ser castigado por no realizar las tareas, porque procrastina sin intención o se distrae fácilmente mientras intenta completarlas.
Puede recibir notas por comportamientos impulsivos, como levantarse del pupitre sin permiso, hablar sin pensar, intervenir inapropiadamente, reír en momentos poco adecuados o incluso reaccionar de manera excesiva ante situaciones de estrés.
En este punto, surge la pregunta: si las oportunidades para dar una nota disciplinaria a un niño TDAH son infinitas, ¿por qué no hacerlo? ¿Por qué no castigarlo cada vez que “se porta mal”?
La respuesta es que las notas disciplinarias, en estos casos, no tienen ninguna eficacia correctiva, no ayudan al niño a mejorar su comportamiento, por varias razones, entre las que se incluyen:
- No modifican el comportamiento porque no enseñan alternativas válidas: las notas disciplinarias se utilizan a menudo con la creencia de que basta señalar un comportamiento incorrecto para que la persona TDAH aprenda a no repetirlo. Sin embargo, en el caso de una persona TDAH o con marcada hiperactividad, este enfoque no es eficaz porque no proporciona ninguna alternativa concreta sobre cómo comportarse de manera más adecuada. Una persona TDAH a menudo no tiene conciencia de qué exactamente debería haber hecho de manera diferente en el momento en que fue reprendida, ni se le explica cómo modificar su comportamiento para la próxima vez. Sin esta guía, la persona queda atrapada en un ciclo de error-castigo sin un aprendizaje real, continuando con los mismos comportamientos porque no se le dan herramientas prácticas para cambiarlos.
- No tienen en cuenta la dificultad neurobiológica en el autocontrol: una persona TDAH no se comporta de manera impulsiva, hiperactiva o distraída continuamente porque lo elija conscientemente. El problema radica en el funcionamiento de su cerebro, en particular en la regulación de neurotransmisores como la dopamina y la noradrenalina, que hacen más difícil para él inhibir un impulso, mantener la atención en una tarea aburrida o prever las consecuencias de una acción. Castigar a una persona por algo que no puede controlar es como castigar a una persona con problemas de visión por tener dificultades para leer la pizarra sin gafas. El castigo no resuelve el problema de fondo, solo aumenta la frustración y la sensación de fracaso de la persona.
- Alimenta una imagen negativa de sí misma y disminuye la autoestima: las personas TDAH reciben más reprimendas que sus pares y a menudo desarrollan tempranamente un sentido de insuficiencia respecto al entorno escolar. Cada nota disciplinaria se convierte en una confirmación más de un mensaje que interiorizan desde pequeños: “Soy la persona que se comporta mal”, “No consigo hacer las cosas como los demás”, “Estoy equivocado”. Esto puede llevar a una disminución de la autoestima, a la convicción de no ser capaz de mejorar y, a largo plazo, a la pérdida de motivación para esforzarse en el contexto escolar.
- No promueven la autorregulación emocional y conductual: la escuela debería ayudar a las personas a desarrollar estrategias para gestionar sus emociones y su comportamiento, no simplemente castigarlas cuando se equivocan. Una persona TDAH tiene dificultades para regular sus reacciones emocionales y sus impulsos porque las áreas del cerebro responsables del autocontrol, como la corteza prefrontal, aún no están completamente desarrolladas y funcionan de manera diferente a las de sus compañeros neurotípicos. Un castigo como una nota disciplinaria no ayuda a la persona a entender cómo gestionar la frustración, cómo mantenerse más calmada, cómo evitar interrumpir la clase o cómo controlar su necesidad de moverse, sino que simplemente la hace sentir aún más frustrada e incomprendida.
- Pueden empeorar los comportamientos en lugar de corregirlos: una persona TDAH que recibe repetidas notas disciplinarias puede desarrollar una respuesta de oposición o desafío. Cuando una persona percibe que es castigada de manera continua sin una verdadera posibilidad de mejorar, puede llegar a pensar que “de todas formas me castigarán”, y por lo tanto perder todo incentivo para intentar adaptarse a las reglas de la clase. Esto puede llevar a una escalada de los comportamientos problemáticos, no porque la persona quiera deliberadamente molestar, sino porque se siente etiquetada como la “persona difícil” y, en consecuencia, se ajusta a ese rol sin intentar cambiarlo.
- Crean un círculo vicioso con la escuela y con las figuras educativas: si una persona TDAH recibe frecuentemente notas disciplinarias, se sentirá cada vez más distante del entorno escolar y verá a los docentes como figuras punitivas en lugar de guías educativas. Esto puede llevarla a perder la confianza en la escuela, desarrollar una actitud de resistencia o evasión hacia las reglas y comprometer la relación con los adultos de referencia. La persona podría empezar a ver a los docentes no como aliados en su aprendizaje, sino como personas que solo buscan castigarla, y por ello dejar de escucharlos o esforzarse.
- No consideran que la persona TDAH no siempre recuerda el comportamiento problemático después de que ha ocurrido: uno de los aspectos menos comprendidos del TDAH es la dificultad en la memoria de trabajo, es decir, la capacidad de mantener activa una información en la mente y usarla para guiar el comportamiento. Muchas personas TDAH, después de ser reprendidas por un comportamiento incorrecto, no logran recordar exactamente qué hicieron o por qué se consideró un problema. Si una nota disciplinaria se escribe al final del día, cuando la persona ya ha pasado a otras actividades y estímulos, es probable que ni siquiera logre conectar el castigo con el evento que lo causó. Esto hace que el castigo sea ineficaz, porque la persona no puede crear una asociación clara entre comportamiento y consecuencia, y por lo tanto no puede aprender de ello para el futuro.
- No tienen en cuenta que el comportamiento problemático a menudo no es intencional: muchos docentes y adultos tienden a interpretar los comportamientos hiperactivos e impulsivos como una forma de desobediencia voluntaria o falta de respeto, cuando en realidad la persona no elige comportarse así, sino que reacciona de manera automática e incontrolada a estímulos externos o internos. Una persona que se levanta continuamente del pupitre, que habla sin permiso o que tiene dificultades para seguir las reglas de la clase no está desafiando la autoridad por principio, sino respondiendo a una necesidad neurológica de movimiento, estimulación o regulación emocional.
- No ayudan a desarrollar estrategias compensatorias para el futuro: la escuela debería preparar a las personas para desarrollar competencias útiles en su vida futura, pero las notas disciplinarias no ofrecen ningún tipo de herramienta para ayudar a una estudiante TDAH a manejar mejor sus dificultades. Si en lugar de ser castigada, la persona fuera guiada a encontrar estrategias para mejorar su comportamiento, tendría mayores posibilidades de éxito tanto en el contexto escolar como en el laboral y social en la edad adulta. Enseñar a una persona TDAH a usar recordatorios para recordar tareas, crear rutinas para gestionar el tiempo, desarrollar técnicas para calmarse en momentos de agitación, aprender estrategias para mantenerse más enfocada durante las clases es mucho más eficaz que una simple nota disciplinaria que la hace sentir equivocada sin ofrecer herramientas de mejora.
- No construyen un ambiente escolar realmente inclusivo: si el objetivo de la escuela es garantizar el derecho a la educación de todas las personas, independientemente de sus dificultades, entonces las estrategias disciplinarias deben adaptarse a las necesidades de quienes tienen un modo de funcionamiento diferente. La escuela debería ser un entorno en el que incluso una persona TDAH pueda sentirse comprendida, apoyada y motivada a dar lo mejor de sí, en lugar de un lugar donde se sienta constantemente reprendida y castigada por características que no puede controlar por sí misma.
Teniendo en cuenta las especificidades y las características del TDAH, podemos imaginar fácilmente lo difícil que es para una persona con este trastorno afrontar una jornada escolar tradicional, que requiere permanecer quieta, mantener la atención y seguir las reglas durante cinco o seis horas consecutivas.
El entorno escolar está construido alrededor de modelos de aprendizaje que favorecen a quienes pueden mantener un nivel constante de atención, regular sus impulsos y adaptarse a una rutina rígida, aspectos que resultan particularmente complejos para quienes viven con los síntomas del TDAH.
Para una persona TDAH, permanecer quieta durante mucho tiempo es un enorme desafío.
La hiperactividad no es solo la necesidad de moverse físicamente, sino también una inquietud interna, una necesidad de estimulación constante que hace extremadamente difícil permanecer sentada durante horas sin poder levantarse, moverse, explorar o cambiar de actividad.
Incluso el simple hecho de tener que mantenerse compuesto en el pupitre, sin mecerse en la silla, sin tocar objetos continuamente o sin agitar piernas y manos requiere un esfuerzo enorme, que a menudo no es reconocido por los adultos.
Para ser realmente eficaz, una intervención disciplinaria debería ser educativa y dirigida, ayudando a la persona a comprender su comportamiento, reconocer sus causas y desarrollar estrategias de manejo más efectivas.
En lugar de una nota aislada, estrategias como el refuerzo positivo, apoyo a la regulación emocional, coaching conductual y modificaciones ambientales en clase son mucho más útiles para favorecer cambios reales y duraderos en el comportamiento de las personas TDAH.

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