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- “¡No puede quedarse quieto! Siempre en movimiento, como si tuviera un motor dentro!”
- “¡Cada vez que tratamos de hacer una tarea sentados, es una hazaña! ¡Nunca se mantiene sentado!”
- “¡Siempre distraído! Incluso cuando intento explicar algo, parece que su mente está en otro lado.”
- “¡No piensa antes de actuar! Siempre impulsivo, sin considerar las consecuencias!”
- “Le digo que haga algo y hace todo lo contrario. ¡Siempre distraído, no puede seguir las instrucciones!”
- “¡Incluso cuando debería estar tranquilo, siempre está en movimiento! ¡No puede quedarse quieto!”
- “¡Sus emociones siempre son tan intensas! ¡Cada pequeño problema se convierte en una crisis!”
- “Comienza muchas tareas, pero nunca termina ninguna. ¡No puede concentrarse!”
- “¡No tiene sentido del peligro! ¡Siempre está arriesgando sin pensar!”
- “¡Siempre en busca de algo nuevo! ¡No puede quedarse quieto sin estímulos!”
Estas son solo algunas de las frases que los adultos que se relacionan con un niño hiperactivo suelen pronunciar con frecuencia.
Gestionar a un niño hiperactivo puede ser desafiante y, a veces, extremadamente frustrante.
La energía constante y la dificultad para mantenerse concentrado pueden convertir cada momento en un reto.
Quienes se encuentran tratando con un niño hiperactivo a menudo se preguntan si están haciendo lo suficiente, si existen formas mejores de manejar la situación.
Aunque pueda parecer difícil encontrar alivio, existen recursos y apoyos disponibles.
Hablar con otros padres, maestros o profesionales de la salud mental puede ser increíblemente útil.
Compartir experiencias y estrategias hace que uno se sienta menos solo y proporciona la fuerza para enfrentar cada día con determinación y amor.
Así que, aunque haya momentos difíciles, es importante recordar que cada niño es único y especial, y que con apoyo y comprensión es posible ayudarlo a superar las dificultades.
Es necesario buscar soluciones, adaptarse y valorar cada pequeño progreso.
Primero, es importante entender si la hiperactividad es solo una señal inofensiva de vivacidad y vitalidad del niño o si puede ser indicativa de algo más profundo y estructural, como una neurodivergencia u otra condición psicológica.
Para ello, es importante saber a quién acudir para una evaluación precisa y no patologizante.
Una vez establecida la naturaleza de la condición, es crucial comprender cómo actuar, cómo contener a un niño hiperactivo sin correr el riesgo de empeorar la situación.
En los siguientes apartados nos centraremos precisamente en estos aspectos, buscando ofrecer un panorama más claro para todos aquellos padres y maestros en busca de respuestas y estrategias.
Hiperactividad: ¿cuándo es solo vivacidad inofensiva y vitalidad del niño, y cuándo es sintomática de una condición psicológica subyacente?
La delgada línea entre la vivacidad normal y la hiperactividad puede ser difícil de trazar, pero hay ciertos signos que pueden indicar que la hiperactividad es sintomática de una condición psicológica subyacente.
Los aspectos a considerar son:
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- Frecuencia y persistencia de los comportamientos: La vivacidad y la energía son características comunes en los niños, pero cuando se trata de hiperactividad sintomática, es importante considerar la frecuencia y la persistencia de los comportamientos. Mientras que algunos niños pueden ser particularmente vivaces en ciertos momentos, los comportamientos hiperactivos que se manifiestan constantemente con el tiempo pueden generar preocupación. Esto puede incluir una dificultad significativa para mantenerse quieto por períodos cortos, una tendencia constante a moverse o correr en situaciones inapropiadas y una resistencia a participar en actividades estructuradas que requieren cierto grado de calma y atención. Además, estos comportamientos pueden ser evidentes en varios contextos, como en casa, en la escuela, durante actividades extracurriculares o al interactuar con otros niños.
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- Impacto en el funcionamiento diario: Otro aspecto importante a considerar es el impacto que los comportamientos hiperactivos tienen en el funcionamiento diario del niño. Si los comportamientos interfieren significativamente con las actividades cotidianas, las relaciones con los compañeros, el rendimiento escolar o la participación en actividades estructuradas, podría ser una señal de que hay algo más complejo en juego. Por ejemplo, si el niño tiene dificultades para seguir las instrucciones en la escuela o para completar las tareas debido a la hiperactividad, podría ser necesario investigar más a fondo para comprender si existen condiciones subyacentes que contribuyan a estos problemas.
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- Presencia de otros síntomas: Además de la hiperactividad, es importante evaluar si el niño muestra otros síntomas que podrían indicar la presencia de una condición subyacente. Esto podría incluir distracción, impulsividad, inestabilidad emocional u otros desafíos conductuales que son evidentes en varios contextos. Si estos síntomas están presentes y son persistentes, especialmente si causan malestar significativo o interfieren con el funcionamiento diario, podría ser indicativo de una condición que requiere evaluación e intervención.
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- Duración de los sintomas: Para evaluar si los comportamientos hiperactivos son sintomáticos, es importante considerar su persistencia a lo largo del tiempo. Si los comportamientos persisten y no parecen mejorar a pesar de las estrategias de manejo adoptadas, sería útil consultar a un profesional de la salud con experiencia en el campo del desarrollo infantil para una evaluación más profunda y para identificar las mejores estrategias de intervención.
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- Inadecuado respecto al estadio de desarrollo del niño: Para considerar los comportamientos como hiperactivos, es importante evaluarlos a la luz del estadio de desarrollo del niño. Mientras que es normal que los niños sean activos y curiosos, los comportamientos hiperactivos se consideran inapropiados cuando superan los límites típicos del desarrollo y interfieren con las actividades diarias. Por ejemplo, si un niño en edad preescolar no puede participar en actividades estructuradas como escuchar una historia o participar en un juego grupal debido a una excesiva inquietud y movimiento, esto podría ser indicativo de hiperactividad sintomática. Es importante considerar si los comportamientos son congruentes con el estadio de desarrollo del niño y si son excesivos o inapropiados según las expectativas para su edad.
¿De qué condiciones psicológicas y neurodivergencias puede ser síntoma la hiperactividad de un niño?
La hiperactividad en el niño puede ser síntoma de diversas condiciones.
Algunas de estas condiciones pueden incluir:
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- Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH): sin duda, la primera condición que viene a la mente cuando se habla de hiperactividad. En los niños TDAH, la hiperactividad se manifiesta como una inquietud y agitación constantes, con dificultades para permanecer quietos, concentrarse en tareas prolongadas o seguir instrucciones. El TDAH es una de las condiciones más comúnmente asociadas a la hiperactividad en los niños y requiere una evaluación clínica exhaustiva para el diagnóstico y tratamiento.
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- Trastornos del espectro autista (TEA): El trastorno por déficit de atención e hiperactividad suele estar asociado con los trastornos del espectro autista. En los niños con trastornos del espectro autista (TEA), la hiperactividad puede manifestarse de diferentes maneras dependiendo del perfil individual del niño. Aunque la hiperactividad no siempre es un síntoma clave del TEA, puede estar presente en algunos casos. Por ejemplo, un niño con TEA podría tener dificultades para quedarse quieto durante actividades estructuradas, prefiriendo moverse o explorar su entorno. La hiperactividad en los niños con TEA también podría estar asociada con una sobreestimulación sensorial o dificultades para comprender y respetar las reglas sociales implícitas.
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- Trastorno negativista desafiante (TND): El TND se caracteriza por comportamientos de desafío, oposición e irritabilidad hacia figuras de autoridad como padres y maestros. La hiperactividad puede ser uno de los síntomas asociados al TND, aunque no siempre está presente en todos los casos. En los niños con TND, la hiperactividad podría manifestarse como una continua rebeldía a las demandas o reglas impuestas por la autoridad, con comportamientos como moverse constantemente en situaciones que requieren calma o atención.
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- Trastorno de la conducta: El trastorno de la conducta se caracteriza por comportamientos agresivos, antisociales y que violan los derechos de los demás. Aunque la hiperactividad no es un síntoma principal del trastorno de la conducta, puede estar presente en algunos niños con esta condición. En los casos en los que la hiperactividad está asociada con el trastorno de la conducta, puede manifestarse como una inquietud constante o una dificultad para permanecer quietos durante situaciones sociales o escolares.
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- Trastornos del estado de ánimo: En algunos casos, la hiperactividad puede estar asociada a trastornos del estado de ánimo, como el trastorno disruptivo de la regulación del estado de ánimo (DMDD, por sus siglas en inglés). En esta condición, la hiperactividad puede manifestarse como uno de los síntomas conductuales característicos. El DMDD es un trastorno del estado de ánimo que afecta a los niños y se caracteriza por una irritabilidad marcada y por cambios de ánimo excesivos y persistentes. Aunque la hiperactividad no es un síntoma principal del DMDD, puede estar presente en algunos casos y contribuir a la complejidad de la presentación clínica del trastorno. En los niños con DMDD y hiperactividad, la agitación y la inquietud pueden ser manifestaciones de la tensión interna que experimentan debido a su irritabilidad y dificultades para regular las emociones. Estos niños pueden mostrar una tendencia constante a moverse, correr o no quedarse tranquilos durante situaciones que requieren calma y atención. La hiperactividad puede ser especialmente evidente durante períodos de crisis o estrés emocional, cuando el niño se encuentra en un estado de excitación excesiva o sobreactividad.
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- Trastornos de la ansiedad: La hiperactividad puede ser una manifestación de ansiedad en los niños, especialmente cuando la ansiedad está asociada a síntomas físicos como temblores, sudoración e intranquilidad. En los casos en los que la hiperactividad está relacionada con la ansiedad, puede manifestarse como una necesidad continua de moverse o una dificultad para permanecer quieto durante situaciones que generan ansiedad o estrés.
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- Otros trastornos neurológicos o médicos: La hiperactividad puede ser un síntoma de trastornos neurológicos o médicos como la epilepsia, el trastorno del sueño, el hipertiroidismo o el uso de ciertos medicamentos o sustancias. En los niños con epilepsia, por ejemplo, la hiperactividad puede manifestarse como una reacción a los efectos secundarios de los medicamentos antiepilépticos o como un síntoma de convulsiones parciales. Del mismo modo, en los niños con trastornos del sueño, como la apnea obstructiva del sueño, la hiperactividad puede ser un síntoma de sueño interrumpido o privación de sueño.
¿A quién acudir para un niño hiperactivo?
Para comprender si la hiperactividad de un niño es inofensiva o un síntoma de una condición subyacente, es esencial acudir a centros especializados que puedan proporcionar evaluaciones detalladas y personalizadas.
Estos centros cuentan con profesionales experimentados en el diagnóstico y tratamiento de trastornos del neurodesarrollo y la salud mental infantil, y están equipados con recursos y herramientas específicas para identificar la hiperactividad y sus causas.
Estos centros juegan un papel crucial en el proceso de evaluación porque:
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- Administración de pruebas específicas: Los centros especializados utilizan pruebas estandarizadas y herramientas de evaluación para medir los síntomas de hiperactividad y evaluar el funcionamiento cognitivo, emocional y conductual del niño. Existen pruebas para casi todas las condiciones psicológicas. Generalmente, en las primeras fases de evaluación se utilizan pruebas de amplio espectro capaces de entender la dirección del comportamiento del niño, y a partir de los resultados de estas pruebas, se podrán administrar pruebas específicas que investiguen la presencia o ausencia de una condición determinada.
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- Entrevistas con los padres y los maestros: Las reuniones con los padres y los maestros son fundamentales para recopilar información detallada sobre la historia del niño, sus hábitos de comportamiento y su rendimiento en casa y en la escuela. Los profesionales de los centros especializados llevan a cabo entrevistas estructuradas con los padres y los maestros para comprender mejor los síntomas del niño, sus desafíos y sus necesidades específicas.
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- Observación directa del comportamiento: Además de la información proporcionada por los padres y los maestros, los profesionales de los centros especializados observan directamente el comportamiento del niño en diferentes contextos, como en casa, en la escuela o durante las actividades recreativas. Estas observaciones permiten a los profesionales evaluar el grado de hiperactividad del niño e identificar patrones de comportamiento significativos.
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- Evaluación multidisciplinaria: En los centros especializados, los profesionales de diversas disciplinas, como la psicología clínica, la psiquiatría infantil, la neuropsicología, la terapia ocupacional y la educación especial, colaboran para realizar una evaluación multidisciplinaria completa del niño. Este enfoque integrado permite considerar todos los aspectos del funcionamiento del niño e identificar posibles condiciones subyacentes que puedan contribuir a la hiperactividad.
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- Diagnóstico diferencial: Una vez completada la evaluación, los profesionales de los centros especializados utilizan la información recopilada para formular un diagnóstico diferencial, es decir, para excluir otras condiciones que podrían ser responsables de los síntomas del niño e identificar la condición subyacente más adecuada. Este proceso diagnóstico preciso es fundamental para garantizar un tratamiento eficaz y dirigido.
Por lo tanto, es esencial acudir a centros especializados que sepan reconocer la hiperactividad y la condición subyacente mediante la administración de pruebas específicas, entrevistas con los padres y los maestros, observaciones directas y una evaluación multidisciplinaria para obtener un diagnóstico preciso y planificar un tratamiento eficaz para el niño.
Estrategias prácticas y consejos útiles para gestionar y contener a un niño hiperactivo
Contener a un niño hiperactivo requiere paciencia, comprensión y la adopción de estrategias prácticas que ayuden a gestionar su nivel de energía y a mantener un ambiente seguro y positivo.
Algunas estrategias que pueden ser útiles para padres y maestros en estos casos son:
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- Estructurar el entorno: Crear un entorno bien estructurado y organizado es fundamental para ayudar a un niño hiperactivo a sentirse más seguro y gestionar mejor su comportamiento. Esto puede implicar establecer rutinas diarias predecibles, organizar los espacios de manera ordenada y reducir el desorden visual y sensorial. Por ejemplo, es útil designar espacios específicos para realizar tareas, jugar o relajarse, de modo que el niño sepa siempre qué esperar en determinados momentos del día. Además, el uso de herramientas visuales como calendarios, planificadores o listas de actividades puede ayudar al niño a comprender y seguir la rutina.
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- Ofrecer al niño una forma alternativa de expresar su energía: Los niños hiperactivos a menudo tienen un alto nivel de energía que necesita canalizarse de manera positiva. Ofrecer al niño oportunidades regulares para moverse y jugar de forma físicamente activa es esencial para permitirle liberar el exceso de energía de manera constructiva. Actividades como correr, saltar, trepar o jugar a juegos activos al aire libre no solo proporcionan al niño una salida para su necesidad de movimiento, sino también la oportunidad de explorar y experimentar el mundo que lo rodea. El arte también puede ser un excelente soporte para expresar estas energías.
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- Utilizar estrategias de relajación: Enseñar al niño técnicas de relajación puede ayudarlo a gestionar el estrés y la agitación que pueden acompañar a la hiperactividad. Esto incluye técnicas como la respiración profunda, la relajación muscular progresiva, la visualización guiada o el yoga para niños. Estas técnicas pueden enseñarse al niño en momentos de calma, y luego ser utilizadas cuando sea necesario relajarse o calmarse. Además, proporcionar al niño un rincón tranquilo o un “espacio seguro” donde pueda retirarse cuando se sienta abrumado puede ser útil para ayudarlo a encontrar tranquilidad y reflexionar.
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- Brindar apoyo emocional: Los niños hiperactivos a menudo experimentan emociones intensas y tienen dificultades para gestionarlas. Ofrecer apoyo emocional y una escucha atenta es esencial para ayudar al niño a comprender y regular sus emociones. Esto incluye estar presente y disponible para el niño cuando necesite hablar o expresar sus sentimientos, sin juzgar ni minimizar sus experiencias. Además, alentar al niño a identificar y comunicar sus necesidades y preocupaciones puede ayudarlo a sentirse comprendido y apoyado.
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- Utilizar refuerzos positivos: El uso de refuerzos positivos, característico de las técnicas conductuales, puede ayudar a motivar al niño a mantener un comportamiento apropiado y desarrollar un sentido de logro y confianza en sí mismo. Esto incluye elogiar y recompensar al niño por los comportamientos deseados, como seguir instrucciones, compartir o resolver problemas de manera constructiva. Es importante identificar y reconocer incluso pequeños logros o avances, para que el niño se sienta alentado y motivado a seguir haciendo lo mejor posible.
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- Establecer expectativas claras: Comunicar de manera clara y directa las expectativas sobre el comportamiento del niño es fundamental para ayudarlo a entender lo que se espera de él y a seguir las reglas. Esto incluye establecer reglas claras y coherentes para el comportamiento, proporcionar instrucciones simples y comprensibles, y utilizar un lenguaje positivo y alentador al interactuar con el niño. Además, es importante establecer rutinas predecibles y cumplir con los compromisos hechos con el niño, para que sepa qué esperar y se sienta seguro y apoyado.
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- Evitar la sobreestimulación: Los niños hiperactivos pueden verse fácilmente abrumados por estímulos sensoriales excesivos, como ruidos fuertes, luces intensas o situaciones concurridas. Minimizar las situaciones que puedan ser fuente de sobreestimulación puede ayudar a prevenir la agitación y promover la calma del niño. Esto incluye la creación de un entorno tranquilo y ordenado, limitar la exposición a pantallas electrónicas o videojuegos estimulantes, y proporcionar pausas regulares y espacios tranquilos donde el niño pueda retirarse y relajarse cuando sea necesario.
Utilizar estas estrategias prácticas puede ayudar a contener a un niño hiperactivo sin empeorar la situación.
Es importante adaptar las estrategias a las necesidades específicas del niño y mantener una comunicación abierta con él para identificar lo que funciona mejor para ayudarlo a gestionar su energía de manera positiva.
Además, es muy importante recurrir a la asesoría experta de psicólogos TDAH, psiquiatras TDAH, psicoterapeutas TDAH y educadores con conocimientos y experiencia, que puedan diseñar intervenciones personalizadas para las necesidades del niño.



