Los trastornos alimentarios y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) pueden no parecer directamente relacionados. Sin embargo, una gran cantidad de investigaciones ha demostrado claramente que estas dos condiciones a menudo se presentan de manera simultánea. En particular, se ha encontrado una conexión significativa entre el TDAH y el binge eating o trastorno por atracón (BED).
Para obtener más información sobre la conexión entre el TDAH y los trastornos alimentarios, GAM Medical te invita a continuar leyendo este artículo. Te sorprenderá descubrir cuántos matices y vínculos existen entre estos dos fenómenos.

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TDAH y trastorno por atracón (BED)
Existen diferentes tipos de trastornos alimentarios, incluyendo la anorexia, la bulimia y el trastorno por atracón (BED) o Binge Eating.
En particular, el BED representa la condición más comúnmente asociada con el TDAH y también es el trastorno alimentario más frecuente.
De hecho, se estima que hasta un 30% de quienes lo padecen también presentan síntomas de TDAH. Los investigadores consideran que los síntomas del TDAH, como la impulsividad y la falta de atención, desempeñan un papel significativo en esta condición.
En el caso del Binge Eating, las personas tienden a consumir rápidamente grandes cantidades de comida, incluso cuando ya están saciadas.
A diferencia de la anorexia y la bulimia, los sujetos con trastorno por atracón no intentan eliminar el alimento mediante vómitos o ejercicio excesivo, por lo que no presentan lo que se conoce como conductas compensatorias o eliminatorias. Sin embargo, a menudo sienten vergüenza y culpa después de estos episodios.
A menudo, los individuos TDAH pueden experimentar síntomas típicos del binge eating. Esto puede deberse a varios factores:
- Impulsividad: los expertos señalan que las personas TDAH podrían consumir alimentos en exceso para satisfacer la necesidad de estimulación de su cerebro. Una de las características clave del TDAH es la impulsividad, que puede llevar a comportamientos alimentarios desordenados. La impulsividad se manifiesta como la tendencia a tomar decisiones rápidas sin reflexionar sobre las consecuencias, incluyendo elecciones alimentarias poco saludables. Las personas TDAH pueden tener dificultades para resistir los impulsos de comer, especialmente frente a alimentos ricos en azúcares y grasas. Estos alimentos, a menudo considerados “comfort food”, proporcionan gratificación inmediata, satisfaciendo rápidamente el deseo de placer y reducción del estrés. Esta dificultad para resistirse a los alimentos hipercalóricos puede intensificarse debido a la naturaleza de la recompensa inmediata que proporcionan. Los azúcares y las grasas activan los centros de placer del cerebro, liberando dopamina, un neurotransmisor asociado con el placer y la recompensa. Para las personas TDAH, que pueden tener un sistema de recompensa cerebral particularmente sensible y bajos niveles de dopamina, esta sensación de placer se ve amplificada. Por lo tanto, la atracción hacia estos alimentos puede volverse casi irresistible. Además, la impulsividad en el TDAH también puede reflejarse en la dificultad para planificar y preparar comidas saludables. Las personas TDAH pueden encontrar complicado organizar su alimentación y mantener una dieta equilibrada, lo que a menudo conduce a elecciones basadas en la inmediatez y conveniencia, en lugar de la salud a largo plazo. Consumir alimentos listos para comer o de fácil acceso, que suelen ser menos nutritivos, se convierte en una solución rápida pero que puede contribuir a comportamientos alimentarios desordenados. La combinación de fuertes impulsos y dificultad para controlarlos hace que sea especialmente difícil para las personas TDAH manejar situaciones en las que la comida está fácilmente disponible. Por ejemplo, en un entorno social como una fiesta, la presencia de alimentos muy atractivos puede desencadenar episodios de atracones. La falta de frenos inhibitorios suficientes dificulta limitar el consumo de estos alimentos, conduciendo a una ingesta calórica excesiva en poco tiempo. Por lo tanto, se comprende cómo la impulsividad asociada con el TDAH desempeña un papel crucial en la promoción de comportamientos alimentarios desordenados. La dificultad para resistir los impulsos de comer alimentos ricos en azúcares y grasas, junto con la búsqueda de gratificación inmediata, contribuye a crear un ciclo de alimentación poco saludable. Este fenómeno requiere atención especial y estrategias de intervención enfocadas para ayudar a las personas TDAH a desarrollar hábitos alimentarios más saludables y gestionar mejor sus impulsos alimentarios.
- Desatención: La desatención, un síntoma central del TDAH, puede desempeñar un papel determinante en los hábitos alimentarios de quienes lo padecen. Esta falta de atención no solo afecta la concentración en tareas específicas, sino que también puede influir significativamente en la conciencia y gestión de los hábitos alimentarios diarios. Las personas TDAH podrían no ser plenamente conscientes de sus hábitos alimentarios por diversas razones. La desatención puede manifestarse como falta de percepción de la sensación de hambre a lo largo del día. Por ejemplo, alguien TDAH podría estar tan concentrado en otras actividades o distraído por estímulos externos que no percibe las señales físicas de hambre, llevando a saltarse comidas o comer de manera irregular. Esto puede derivar en un consumo excesivo posterior, cuando el hambre se vuelve difícil de ignorar. Esta falta de atención a las señales corporales también puede afectar la percepción de saciedad. Las personas TDAH podrían no notar cuando su cuerpo está lleno, continuando con la ingesta más allá de lo necesario. Esto puede provocar episodios de atracones, al no reconocer ni respetar los límites de su cuerpo. La desatención a la saciedad es especialmente problemática con comidas abundantes o alimentos altamente palatables, como dulces y snacks salados, difíciles de detener una vez iniciados. Además, la desatención puede influir en la calidad de la dieta. Las personas con trastornos de hiperactividad podrían no planificar adecuadamente sus comidas ni seguir una dieta equilibrada, optando por alimentos rápidos y de fácil acceso, generalmente menos nutritivos. La falta de planificación puede llevar a elecciones impulsivas y menos saludables, agravando problemas de peso y salud general. Otro aspecto es el contexto de la alimentación: las personas TDAH pueden comer mientras realizan otras actividades, como ver televisión o trabajar en el ordenador, sin prestar atención a lo que consumen. Este tipo de alimentación distraída puede disminuir la satisfacción y aumentar el consumo de comida, ya que el cerebro no registra adecuadamente el acto de comer. La desatención también afecta la reacción a estímulos externos relacionados con la comida. Pueden ser fácilmente influenciables por publicidad de alimentos poco saludables, ofertas en supermercados o la visibilidad de comida en casa, llevando a comer por reacción a estímulos y no por hambre real. Esto aumenta la frecuencia de episodios de atracones, al ingerir alimentos sin necesidad fisiológica.
- Desregulación emocional: Las personas TDAH a menudo presentan dificultades significativas para regular sus emociones, condición conocida como desregulación emocional. Esto puede manifestarse como irritabilidad, explosiones emocionales, estado de ánimo inestable y alta reactividad emocional. Experimentan emociones intensas que cambian rápidamente y tienen dificultad para volver a un estado emocional más calmado. Esta inestabilidad complica la gestión del estrés y las situaciones diarias. El binge eating, es decir, consumir grandes cantidades de comida en poco tiempo, puede surgir como estrategia de afrontamiento ante estas dificultades emocionales. Cuando las personas TDAH se sienten abrumadas por emociones intensas como estrés, ansiedad o depresión, pueden recurrir a la comida como alivio. Los alimentos ricos en azúcares y grasas proporcionan confort temporal mediante la liberación de neurotransmisores como la dopamina, generando placer y gratificación. Además, el binge eating puede funcionar como auto-medicación: comer grandes cantidades puede distraer momentáneamente de las emociones negativas, actuando como un “anestésico” emocional. Este comportamiento es temporal y no aborda las causas subyacentes del estrés o la ansiedad, y puede generar culpa y vergüenza, perpetuando el ciclo de emociones negativas y atracones. La regulación emocional puede complicarse por comorbilidades como ansiedad o depresión, comunes en personas TDAH, aumentando la frecuencia e intensidad de los atracones como mecanismo de afrontamiento. Por ejemplo, durante un episodio depresivo, una persona puede buscar consuelo en la comida; durante la ansiedad, el atracón puede reducir temporalmente la angustia. El binge eating se convierte en un comportamiento aprendido, reforzado cada vez que alivia temporalmente el malestar emocional. Sin embargo, el alivio es breve y pronto reemplazado por estrés, ansiedad o depresión renovados, creando un ciclo difícil de romper. Además, las personas TDAH pueden tener poca conciencia de sus estados emocionales, dificultando identificar emociones y causas. Esta falta de conciencia emocional, conocida como alexitimia, puede llevar a una gestión ineficaz de emociones, recurriendo al alimento sin percibir el daño a largo plazo. La dificultad en la regulación emocional es, por tanto, un factor clave en el binge eating en personas TDAH, perpetuando un ciclo de estrés y atracones con graves consecuencias físicas y mentales. Intervenciones terapéuticas que mejoren la regulación emocional y desarrollen estrategias de afrontamiento efectivas son fundamentales para ayudar a las personas TDAH a manejar sus emociones y reducir la dependencia de la comida como mecanismo de coping.
- Funcionamiento ejecutivo: Los problemas relacionados con la función ejecutiva son uno de los principales desafíos diarios de las personas TDAH. La función ejecutiva incluye una serie de procesos cognitivos de alto nivel que nos ayudan a planificar, tomar decisiones, resolver problemas y regular nuestro comportamiento de manera flexible. Estos procesos abarcan la memoria de trabajo, la inhibición, la planificación y organización, el monitoreo de las propias acciones y la adaptación a nuevas situaciones. En los pacientes TDAH, estas funciones pueden verse significativamente afectadas, influyendo en diversos aspectos de la vida cotidiana. Cuando se trata de autodisciplina y autorregulación, las dificultades en la función ejecutiva pueden tener un impacto profundo. La autodisciplina requiere la capacidad de controlar los impulsos y resistir las tentaciones inmediatas en favor de objetivos a largo plazo. Para las personas TDAH, esta capacidad de inhibir respuestas inmediatas suele estar comprometida, dificultando evitar comportamientos impulsivos como el binge eating. Por ejemplo, frente a alimentos apetitosos, la dificultad para inhibir el impulso de comer puede llevar a consumos excesivos y no planificados. La autorregulación, que implica monitorear y ajustar el propio comportamiento para alcanzar objetivos, es otro aspecto que puede ser problemático. Requiere mantener la atención en metas a largo plazo, como seguir una dieta equilibrada, y adaptar el comportamiento para lograrlas. Sin embargo, las personas TDAH pueden distraerse fácilmente y perder de vista prioridades a largo plazo, afectando especialmente los hábitos alimentarios. La planificación de comidas y el mantenimiento de hábitos regulares requieren un buen funcionamiento ejecutivo. Las personas TDAH pueden tener dificultades para organizar sus comidas, comprar de manera coherente y preparar alimentos saludables, lo que puede llevar a decisiones impulsivas, como optar por comidas preparadas o snacks poco saludables, fáciles de acceder y con poco esfuerzo. Además, la memoria de trabajo, componente crítico de la función ejecutiva, influye en la regulación de la ingesta de alimentos. Ayuda a mantener y manipular información a corto plazo, como recordar seguir una dieta o evitar ciertos alimentos. En los pacientes TDAH, la memoria de trabajo puede estar comprometida, dificultando cumplir con las reglas dietéticas y estrategias para una alimentación saludable durante el día. La falta de monitoreo y autorreflexión es otro problema relacionado con la función ejecutiva. Las personas TDAH pueden tener dificultades para supervisar sus acciones y reflexionar sobre su comportamiento, no reconociendo cuando comen en exceso o las consecuencias a largo plazo de sus elecciones alimentarias. Sin una clara conciencia y monitoreo continuo, es difícil adoptar medidas correctivas y mejorar los hábitos alimentarios. En resumen, los problemas de función ejecutiva dificultan que los pacientes TDAH mantengan la autodisciplina y autorregulación necesarias para prevenir el binge eating. La dificultad para controlar impulsos, planificar y organizar comidas, mantener atención en objetivos a largo plazo y monitorear el comportamiento alimentario contribuye a este desafío. Intervenciones dirigidas a fortalecer la función ejecutiva y estrategias de afrontamiento pueden ser clave para ayudar a las personas TDAH a desarrollar mejor regulación alimentaria y reducir la frecuencia de los atracones.
Se ha identificado un vínculo genético en este contexto. Investigadores han encontrado genes comunes en personas TDAH, BED (trastorno por atracón) y obesidad. Estos genes están involucrados en la transmisión de un químico cerebral conocido como dopamina. En el caso del TDAH, esta transmisión es menos eficiente.
El término “bulimia” proviene de la palabra griega antigua “boulimía” (βουλιμία), que literalmente significa “hambre de buey”. Este término se utiliza para describir un tipo de voracidad que supera los límites de la capacidad humana para saciar el apetito.
La bulimia puede definirse como un intenso deseo de consumir alimentos altamente calóricos, que se manifiesta mediante comportamientos incontrolados en los que la persona percibe una falta de control sobre su alimentación. Esto suele ir seguido de prácticas para eliminar las calorías ingeridas, como el vómito autoinducido, el abuso de laxantes o el ayuno.
La definición clínica de la bulimia incluye una amplia gama de signos y síntomas. Estos pueden variar desde episodios ocasionales de atracones vinculados a situaciones específicas, como el uso de conductas bulímicas como mecanismo para manejar el estrés sin preocupación por aumentar de peso. La bulimia puede evolucionar posteriormente hacia un síndrome más grave que afecta significativamente la calidad de vida de las personas afectadas.
La correlación entre bulimia y TDAH es menor que la existente entre BED y TDAH. Sin embargo, es importante destacar que el binge eating puede ser un factor relevante en la manifestación de la bulimia. Por lo tanto, no resulta sorprendente que sea posible desarrollar TDAH y bulimia simultáneamente.
En cuanto a la anorexia, los estudios no han mostrado ninguna correlación con el TDAH. Los comportamientos asociados a estas dos condiciones son completamente distintos.
Las personas TDAH tienden a mostrar impulsividad, mientras que quienes padecen anorexia se caracterizan por una marcada obsesividad y compulsividad. Estas últimas limitan la ingesta de alimentos, en lugar de excederse en el consumo.
TDAH: ansiedad, depresión y trastornos alimentarios
Las personas afectadas por trastornos alimentarios también pueden estar influidas por trastornos de salud mental. Dos de los trastornos mentales más comunes, la ansiedad y la depresión, a menudo se presentan simultáneamente con el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).
Cuando una persona TDAH presenta también otros trastornos mentales, puede aumentar aún más su predisposición a desarrollar trastornos alimentarios.
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Los trastornos relacionados con el TDAH, como los trastornos alimentarios y los problemas de salud mental como la ansiedad, requieren un tratamiento separado y específico. Sin embargo, existen algunos tratamientos que pueden ofrecer beneficios para más de una de estas condiciones. Por ejemplo, los fármacos estimulantes utilizados para el TDAH pueden ayudar a controlar los comportamientos de binge eating.
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Estos fármacos para el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) pueden mejorar el autocontrol y también tienen el efecto secundario de reducir el apetito. La terapia representa un elemento clave en el tratamiento de los trastornos alimentarios y otros problemas de salud mental. Además, también puede ser útil para abordar el TDAH. Uno de los tipos más comunes de tratamientos no farmacológicos para el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es la terapia cognitivo-conductual (TCC), mientras que otro enfoque es la terapia dialéctico-conductual (TDC).
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Fuentes: A. CONCA y G. GIUPPONI, ADHD EN ADULTOS, 199. www.understood.org



